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VII CONVIVENCIA “HACEMOS COMARCA” |
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Se celebró el domingo día 27 de abril en El Cubo de Don Sancho la séptima edición del “Hacemos Comarca” organizado por el municipio con la colaboración de la asociación OGNEDABA de Bogajo y la Diputación Provincial de Salamanca que se encargó del transporte y camisetas para los niños.
Desde la plaza, lugar de concentración al que se presentaron cerca de 300 participantes de colegios de la zona de Vitigudino y el Campo Charro visitaron las calles y edificaciones más emblemáticas del Cubo, entre ellas el Torreón donde está instalado el Ayuntamiento.
Posteriormente, se dirigieron hacia el aula de la Naturaleza que se encuentra en la finca Rollanejo, donde además de visitar las instalaciones disfrutaron con los distintos juegos que se habían organizado para ellos.
A la hora de la comida, cada chico llevaba su bocadillo, la organización repartió fruta y bebidas. A los padres y monitores se les entregó también un libro de la historia del Cubo y a los niños un DVD de Adezos (Asociación para el Desarrollo de la Zona Oeste de Salamanca) sobre la comarca de Vitigudino y una camiseta.
Fotografía publicada por “La Gaceta Regional” de Salamanca
La finca Rollanejo es uno de los triunfos de un pueblo pequeño, pero que ante las adversidades siempre han luchado juntos, fuera contra quien fuera el pulso. Consiguieron que la administración no quitara el colegio cuando prácticamente ya estaba cerrado; también cuando se estaba arreglando la carretera sobre el Huebra que une El Cubo con Vitigudino no dejaron que el puente que cruza este río fuera modificado, obligando a respetar su patrimonio. No hace tanto, en el 2006 tocó luchar contra la Consejería de Sanidad animal, cuando su cabaña ganadera fue inmovilizada por la negativa a vacunar durante la campaña contra la brucelosis, alegando que en ninguna de sus explotaciones había aparecido ningún positivo en la campaña realizada el año anterior. Manifestaciones ante la unidad veterinaria correspondiente, Salamanca y Valladolid, hasta conseguir al final un acuerdo.
A continuación publicamos el artículo aparecido en el periódico “El País” el día 6 de febrero de 1982, sobre lo acontecido en la subasta realizada el día 27 de enero, unos días antes, en la sede de la Fundación Rodríguez Fabrés en Salamanca.
Un pueblo salmantino, compra en subasta 800 hectáreas de tierras cultivables propiedad de un patronato benéfico.
Dos concurrentes privados fueron obligados por los vecinos a retirar su oferta.
Los vecinos de El Cubo de Don Sancho, en Salamanca, han conseguido recientemente algo por lo que venían luchando desde hace tiempo: la adquisición de forma comunitaria de 800 hectáreas de tierras cultivables, pertenecientes desde principio de siglo a una institución benéfica. Para ello, tuvieron que ir a una subasta, previa amenaza a otros dos concurrentes privados -que decidieron retirarse- y pedir un crédito de sesenta millones, a la Caja Rural.
"Nos han sacado todo lo que han podido, pero esta compra va a devolver la vida al pueblo", manifestaba Vidal Holgado, alcalde de El Cubo de Don Sancho, dos días después de la celebración de la subasta en la que el Ayuntamiento de esta localidad salmantina adquirió más de ochocientas hectáreas por las que venían luchando desde años atrás. "El Cubo vive de las fincas del patronato y su explotación es lo único que puede hacerle sobrevivir". A partir de ahora ' las tierras se trabajarán de forma comunal y lo vecinos esperan que la Administración les ayude a conseguir los sesenta millones que necesitan. Los terrenos recién adquiridos han pertenecido hasta ahora a la Fundación Piadosa Vicente Rodríguez Fabrés, así como otras 2.500 hectáreas de las 9.000 que conforman el término municipal del pueblo. En la subasta pública celebrada para adjudicar El Trillo y Los Morales, los vecinos amenazaron duramente a otros dos licitadores, en un último intento de evitar que las tierras pasaran de nuevo a manos privadas. Los licitadores, pese a haber mejorado las ofertas del Ayuntamiento, renunciaron a su derecho en favor del pueblo, tras haber tenido que ser protegidos por la policía en un intermedio del acto.
La fundación Fabrés
Vicente Rodríguez Fabrés murió en Salamanca en 1904. Sus últimos deseos debieron sorprender a sus coetáneos, que vieron cómo su fortuna se destinaba a la creación de una fundación benéfica. Ello, al parecer, venía a contradecir actitudes anteriores del ahora célebre banquero. El patronato de la fundación está integrado por el obispo de la diócesis, que lo preside, el alcalde de Salamanca, el presidente de la Diputación, el fiscal de la Audiencia y el rector de la Universidad. Los vecinos de El Cubo de Don Sancho explotan desde hace 77 años una de las fincas, El Conejal, de 700 hectáreas, y los Tres Cuartos, de 1.600, desde hace días. Por ellas, este año han pagado a la fundación más de tres millones de pesetas y otro millón y medio a la Seguridad Social. Pero siempre han aspirado a trabajar también Rollanejo, porque somos muchos en el pueblo, cerca de trescientas familias, y el secano no es suficiente".
La inexistencia de tierras de las que poder vivir en El Cubo explica las luchas de los vecinos. Del total de la extensión del municipio, sólo 1.400 hectáreas están repartidas entre los vecinos, y las restantes pertenecen a dos grandes latifundistas ganaderos. Hace unos años, los habitantes de El Cubo intervinieron para que Rollanejo fuera declarada finca manifiestamente mejorable, pero la fundación hizo de ella tres lotes inferiores a 500 hectáreas, según explican los vecinos. El patronato necesitaba dinero y decidió subastar el Cuarto hace unos meses, y dejó en renta El Trillo y Los Morales.
Los vecinos, que entonces no pudieron acudir a la subasta por carecer de recursos económicos, confiaron en que tras la promesa realizada por el obispo hace años, el resto de las tierras les sería arrendado. Por ello, cuando se anunció la subasta de las otras dos fincas, culparon al presidente del patronato de engañarles. Sin embargo, la asamblea del pueblo decidió quedarse con El Trillo y Los Morales, y encargó a su alcalde la gestión de su financiación, que será pagada por todos los vecinos con dificultades sin duda, pero con la satisfacción de poseer el terreno deseado.
La base de licitación de cada una de las fincas se cifraba en treinta millones y la Caja Rural ofreció al pueblo la cantidad que necesitara, en tanto consiguieran otras ayudas. La subasta se celebró en un clima de gran tensión y el alcalde presentó dos ofertas apoyado por la presencia de un centenar de vecinos, que acudieron al acto con una pancarta, en la que se leía: "El pueblo necesita y quiere las tierras".
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